La grieta: más allá de las reglas

Por María Alejandra Rengifo

La Grieta: más allá de las reglas” es el título de una de las piezas montadas este año por los más grandes de la Escuela de Teatro Musical de Petare, proyecto que hace vida en el Teatro de Petare César Rengifo, gracias a la Alcaldía de Sucre, Producciones Palo de Agua, la asociación civil Trama: acciones artísticas para la Convivencia y la Embajada de los Estados Unidos en Venezuela. Y al cual estoy ligada desde sus inicios como cofacilitadora y hoy como periodista de Fundalamas, institución a la que el TPCR pertenece.

Lo que me esperaba, yo no lo esperaba.

Vyana Preti, la directora de la escuela y mi amiga entrañable, me había dicho algo respecto del proceso. Se trataba de una creación colectiva surgida de las clases y los ejercicios teatrales trabajados. Los propios chamos habían formado parte de todo, desde la idea hasta la puesta en escena, desde los diálogos y canciones hasta los bailes y vestuarios. Vyana me contaba que algunos de los chamos decían que era reflejo de Venezuela, otros lo veían como una historia de amor y así diversas lecturas. Lo cierto es que, para mí, efectivamente habla del país.

Una ciudad fue divida en dos, con la construcción de un muro acordado por dos reinas. En una todos visten de gris y en la otra todos de morado. En cada ciudad se afirma que del otro lado está el error y la maldad. Los más pequeños y jóvenes de una de las ciudades descubren una grieta en el muro y deciden lanzarse a la aventura de descubrir que hay del otro lado. Una noche logran comunicarse, a través de la grieta, se atreven a hacerse preguntas para poder responder y entender las imposiciones de cada reina.

Después de varios encuentros son descubiertos, las reinas continúan sumando imposiciones y deciden hacer aún más grande el muro. Pero, ya los habitantes de cada lado de la ciudad habían notado que eran iguales, con los mismos sueños, que querían vivir en una sola ciudad que “digna de ser” (cito el texto de la obra).

Merecer ser. ¡Vaya sublime afirmación! ¡Vaya meta! ¡Vaya reclamo de un derecho!

Cantando “tú aquí, yo allá, juntos podemos trabajar” derrumban el muro. Se encuentran y celebran el inicio de una nueva ciudad.

¿Cómo llegaron estos chamos a tales niveles de reflexión? Sin duda, porque están atentos y despiertos a la realidad. Sufren la división del país. Sufren la violencia. Sufren todos los males que sufrimos el resto de los venezolanos. Desde su ingenuidad, la audacia propia de sus edades, la ausencia del miedo y la verdad como premisa nos regalan una gran lección.

Escuchemos esas voces y alcemos las nuestras que el muro es invisible y la grieta muy grande, porque la grieta son todas las cosas que nos unen y que, en suma, no son más que Venezuela. Derrumbemos el muro. Hagamos honor a la fama de amables y alegres que tenemos por el mundo, pero hagámoslo aquí, en nuestra casa. Son muchas las cosas que nos unen, empezando por los problemas que vivimos hoy: una crisis económica, política, social y moral que debemos enfrentar juntos.

Una vez más, debemos volver al lugar común de la tarea individual del ciudadano y del esfuerzo colectivo que debemos hacer por unirnos para hacerle entender a quienes nos gobiernan y quieren gobernarnos en un futuro cercano que queremos un país mejor todos, y que ante todo, queremos vivir en paz.

“Tú aquí, yo allá, juntos podemos trabajar”

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