Von Dangel: Si el arte no se profetiza, deja de serlo

Por Pedro Antonuccio Sanó | El Mundo

Fotografía de María Alejandra Rengifo

La caída del muro de Berlín no me sorprendió tanto como los muros que se levantan hoy, dice Von Dangel 

2014-04-10 23.12.14

Pues claro que Miguel von Dangel, Premio Nacional de Artes Plásticas (1990), es un pintor y un escultor indispensable.

 

Lo confirma esa expresiva vitalidad que no adjetiviza el arte, sino que lo alimenta estéticamente como si se tratara de enigmáticos acertijos que el espectador resuelve inmerso en la apoteosis de dioses paganos que confrontan al Cristianismo y dioses nuevos de este tiempo. Y también, por su hacendosa inventiva, de genialidad ornamentada, que queda confirmada en la muestra Petare De Civitate Dei, organizada por el Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas, a propósito de los 393 años de esa parroquia, en un recorrido místico de 41 pinturas, libros y dibujos, abierto al público hasta el 22 de junio.

 

Proveniente de una tradición luterana que entiende la vida “como un trabajo que dignifica”, aprendió temprano de Jackson Pollock “la plasmación del inconsciente” y de Salvador Dalí, todo lo contrario, “la inteligencia aguda del genio y el espíritu que se plasma”. Y al indagar qué significa ser el primer espectador de su obra alega ser, con un inusitado lenguaje franco, “un intermediario de la misma, cuyos resultados son misteriosos”.

 

-La identidad que asumo desde Petare -precisa con el tono pausado que lo caracteriza- es la de la resistencia ante la hegemonía de la ciudad que se lo está devorando. Eso me da la pauta de que el país también busca resistirse ante las hegemonías que lo devoran. La solución obviamente no es cambiar una hegemonía por otra, sino afirmar esa capacidad de espíritu de resistencia.

 

“Producto de la postmodernidad que combina el rigor del trabajo con cierta visión expresionista de corte religioso”, von Dangel toma distancia frente a aquellos que ansían pintar la miseria moral en un lienzo de 3 por 2, argumentando “la frecuente amoralidad de los pintores, que es necesaria para transgredir”. Está consciente de que para hallar un lenguaje propio en la plástica “hay que desprenderse de la noción prejuiciada de lo originario”, en un mundo donde alerta que “la tecnología actual más que vulgarizado ha banalizado el arte”.

 

-El arte profetiza y si no profetiza no es arte -dice escudándose en este subterfugio lapidario pero real. Y añade que para que “las profecías se realicen y la gente participe de ellas, debe pasar mucho tiempo, tanto así que lo ideal es que el artista muera primero, como fue el caso de Armando Reverón, quien esperó 50 años para ser descubierto y ¡todavía! es parte de esa vocación y hay que aceptarla. Los profetas tienen que morir para que sus seguidores construyan sus estructuras sobre esas memorias”.

 

Petare universal

 

Desde las paredes del impecable Museo de Petare, seductoras piezas inspiradas en “La Ciudad de Dios” de San Agustín de Hipona (Apología del Cristianismo en la que se confronta la verdad espiritual de la Ciudad Celestial a la Ciudad Pagana), conmueven a los visitantes y los embriaga de emociones. Pero también emerge de ellas un prodigioso enlace referencial que marca su obra, nacido en el trazado de Bárbaro Rivas, a quien considera determinante para su carrera; y sobre todo, del “pintor de una alborada, Matthias Grunewald, el artista religioso más importante del Renacimiento alemán, autor del Altar de Isenheim”.

 

Atrapado entre las evocadoras tensiones de los años 1960s, donde “un artista que no fuera revolucionario era una especie de fascista; y más tarde, con la irrupción de los cinéticos, que ubicaban lo figurativo como pintura discapacitada”, confiesa cómo descubrió por un recorte de prensa a un viejito petareño llamado Bárbaro Rivas. “Fue una gran revelación hasta el punto que abandoné la Escuela de Artes Plásticas. Por inspiración y sin academicismo, Rivas fue en su momento, el único pintor que dio continuidad al arte barroco-religioso de nuestra Colonia y creó una salida en el siglo XX de visión escatológica y apocalíptica”, dice.

 

Así como “se ha ido enterando” de que Petare (la referencia para su identidad personal) “es el barrio más grande de Latinoamérica”, este artista nacido en Alemania pero que fue “transplantado a Venezuela a corta edad”, exterioriza que la caída del muro de Berlín “no le sorprendió tanto”. Y ello se debe a las referencias que tenía entonces “de movimientos de orden religioso surgidos en Alemania Oriental, Polonia y Checoslovaquia, donde jóvenes y sacerdotes comprometidos con la causa de la libertad se reunían en iglesias”. Más bien a von Dangel lo que “le sorprende más, son los muros que se están levantando hoy en día”.

 

Y para que cualquier país no se convierta en desértico, culturalmente hablando, este autor que “no trabaja para vender” sino que “vende para seguir trabajando”, propone una hoja de ruta: cambiar la mentalidad tecnocrática, acabar con el militarismo y no caer en el bizantinismo de los artistas que se convierten en enemigos de los artistas.

 

Al mostrar sin tapujos que el ego de los artistas no es tan destructivo, interpreta el egocentrismo artístico positivamente y no de manera peyorativa. De allí que espera que “haya artistas que tengan una reacción más crítica hacia lo que nosotros, ya como vieja generación, planteamos. Porque el arte no es coincidencia sino confrontación con el precedente. Y de allí salen las nuevas alternativas. Es un parto necesario y doloroso”.

 

Ser de Petare, vivir y trabajar en Petare toda su vida le da una mayor perspectiva universalista. Por eso cree que lo universal y lo general parten de lo específico y local. “Jesucristo no se dio en el gran Imperio Romano sino en una aldea mesoriental. Si comparas la Atenas de Sócrates con la Petare de hoy, Atenas cabe 20 veces en esta parroquia”, apunta este creador que fue primero taxidermista que pintor, oficio que lo llevó a entender más la forma y el movimiento de los animales. “Mi falsa expectativa era que si entraba a la Escuela de Artes Plásticas aprendería eso y lo que me enseñaron fue hacer loas al ‘Che’ Guevara y a los guerrilleros del cerro El Bachiller. El aprendizaje vino por contradicciones”.
2 Insolita visita de van gogh al pueblito de petare

 

Dolor graffitero

 

Si bien como pintor, Antoni Tapies prefería convencer primero a las almas que a las masas, las convicciones intuitivas de von Dangel al respecto pasan por haber transcurrido parte de su vida tratando de encontrar el modo de complacerlas, indagando sus expectativas, pero advirtiendo que “no podemos ser populistas, porque sabemos las consecuencias que nos lleva a eso”.  

 

-El arte se revela de manera misteriosa entre las masas -señala. Leonardo y  Miguel Ángel no funcionaron con inmediatez sobre el Renacimiento y no lograron prever el fascismo que vino siglos después. Pero conformaron la mentalidad del pueblo italiano. Durante la Bienal de Venecia (1993), recuerdo que requerí un baño a un albañil llamado Salvatore, que estaba retocando el pabellón donde expondría. Ante la reiterada incomprensión por la barrera idiomática sobre mi urgente pedido, me desesperé gesticulando, siendo más directo verbalmente. De pronto Salvatore, para conmoción mía, dijo: ¡Maestro! un pintor no habla así. Eso es Leonardo, Miguel Ángel y Giotto a la vez.

 

Y dentro del engolosinamiento de la forma que caracteriza a los graffitis dispersos en las paredes de las calles de José Félix Ribas o El Carpintero, identifica una caligrafía que va más allá del mensaje, es decir, un mensaje implícito.

 

-Al ver las paredes con rayas, veo gritos de angustia -advierte- y no sé si los muchachos que las hacen tienen consciencia de ello. Están gritando sin decir ¡me tienen jodido! Más allá de que sea un arte universal por igual en Nueva York o Petare, toca una llaga donde hay un dolor, que se cubre con una máscara de grafismo fantasioso e inventivo, pero que no engaña a nadie. Los graffiteros hacen lo mismo que yo con el “desesperanto”, un idioma caligráfico que normalmente utilizo para decir sin decir en tiempos de dictaduras. Están gimiendo sin dar a entender al eventual torturador por qué carajo estás gimiendo si estás en un paraíso.

 

Entonces es cuando la máxima de Apeles (pintor elegido por Alejandro Magno para perpetuar su imagen) “que no pase un día sin que se dibuje una línea”, cobra más vigencia en el clarinete discursivo de Miguel von Dangel a la hora de mezclar temática y técnica creativa. “Esa línea te indica el camino hacia la idea y el concepto. Es menos sano partir de los grandes conceptos para después realizar la línea, que es precisamente lo que hacen los políticos, que comienzan con las grandes superestructuras ideológicas para después concluir que no sabemos qué carajo vamos a comer.

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