[Crónicas de un Lugar Imposible] El día que Keinel vio sus fotos

Por Diana Rangel

Un día de la semana pasada:

Desde aquel día que me había topado con Wilmes y Keinel no los había visto de nuevo. Había subido dos veces pero no había rastro de ellos. No atendían el celular y Caracas se estaba incendiando de protestas y barricadas. Decidí esperar más tiempo, entendiendo que nuestros encuentros ya estarían basados en reglas azarosas que debería de aprovechar mejor la próxima vez que el destino se antoje.

Subí a La Dolorita con mil diligencias en la mente. Hablar con tal profesora, decirle esto a tal señora, empezar una charla en tal colegio, cuadrar con la generación de relevo de “El Terminal” un nuevo grupo, hacer un video, pasar una encuesta. No miento, cada vez que subo a La Dolorita es como si mis tiempos fueran más eficientes. Voy con mi lista de cosas, las logro todas (aunque eso no quiere decir que todas sean efectivas) y salgo siempre con alguna sorpresa al final. Una nueva persona, momento, ruido, experiencia. Esta vez fue Keinel, vestidito de “niño bueno” tal cual como me dijo él, llegando con cara triste al puesto de frutas al lado del portón azul de siempre.

“Se me cayó la moral Diana, se me cayó vale…” me dice con mirada triste cuando me saluda. “Se me pasó la fecha de inscripción para …. (no voy a decir en donde se estaba inscribiendo por razones confidenciales) “

“Pero qué pasó? Cómo vas a hacer?” Le dije preocupada. En verdad sentía un poco de rabia, además que este chamo lo intenta y lo intenta, a veces siempre hay un decaimiento de despistes y mañanas enratonadas.

“Bueno me perdí la fecha por una semana, ahora tendré que esperar hasta Septiembre. Imagínate tú. Septiembre”

Septiembre para Keinel es muy lejos en sus tiempos. Si estamos hablando que era alguien que medía sus tiempos de mes en mes, porque “quién sabe, capaz sólo duro un mes más” imagino que siete meses es muchísimo, una eternidad de tentaciones y situaciones a las que caer. Me preocupé, pero así mismo le dije que se viniera conmigo, que quería llevarlo al centro histórico de Petare a que viera sus fotos impresas. No tenía más nada que hacer, así que accedió y nos fuimos.

En el camino conversamos bastante, quería decirle tantas cosas, pero lo único que el hacía era fastidiarme de que frenaba muy secamente y me le pegaba demasiado a los carros. Me habló de esos dos años de ausencia, de lo bien que fue irse del barrio pero lo mal que la pasó a su vez en el otro lado. “Quiero aprender más, me gustan las clases, saber cosas nuevas de gente que sepa mucho, y eso no me lo están dando” me decía inquieto.

En un momento hablamos del trabajo de las fotografías, le pregunté si había influido de alguna manera a tomar la decisión de irse del barrio. Hubo un silencio repentino en el carro. Keinel reflexionaba.

“Mira, fueron muchas razones, ese trabajo también me ayudo.. sobretodo fue como un desahogo… como hablar de cosas de la vida… y eso te ayuda a ver claramente las cosas… Pero luego fue mi mamá, mi hermana, las que me ayudaron a tomar la decisión,  aunque no te creas, aunque hay una generación de relevo en El Terminal, yo paso por ahí y me respetan…”

Cuando llegamos Johnny nos estaba esperando en Fundalamas con los pendones enrollados en una mesa. Al llegar a la sala extendió uno a lo largo del piso y Keinel lanzó una carcajada de emoción. “Ese es banban!” “ese es Wilmes!”

La sonrisa en su rostro no se le borró hasta que apareció una foto de él con un poste amarillo.

“Esa foto…” dice con ojos vidriosos. “Si yo pudiera filmar este momento, y mostrarlo a este chamo, a este chamo que murió, decirle que él está aquí, impreso grandote… Esta foto es demasiado fuerte…”

Como todo muchacho de La Dolorita ocultó muy bien sus lágrimas. Pero la emoción de todos era evidente. Virgilio y Gaby, amigos de La Dolorita se emocionaron mucho, al igual que yo, que aguantaba las ganas de llorar al ver la cara de fascinación de Keinel.

“Bueno Keinel, esto es de ustedes y gracias a ustedes. Lee lo que dicen los pendones. Es gracias a que tu y los demás compartieron esto que nosotros entendemos por lo que están pasando los muchachos como tú. Es gracias a ustedes que nosotros vemos que no todo es como la gente dice y piensa. Ustedes no son malos así como dices tu, ustedes tienen un potencial demasiado grande de ser quienes quieran ser, de hacer lo que ustedes quieran con sus vidas…”

Keinel me miraba fijamente, emocionado.

Imagen

Nota: Diana Rangel, psicóloga y fotógrafa venezolana creadora del Proyecto Crónicas de un Lugar Imposible, que expone hoy en la Sala 1 de Fundalamas. La muestra podrá verse visitarse hasta el 4 de mayo.

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