Crónica de una visita al Petare sagrado de Von Dangel

Por Blanca de González

    Hoy es 6 de Marzo 2014 y ayer fue miércoles de ceniza, qui tolis pecata mundi.  El Museo de Petare, convertido en templo y Petare en “La Ciudad de Dios” por obra de la reflexión de un lector de Agustín de Hipona para quien lo humano del hombre no le fue desconocido y para quien tuvo el privilegio de vislumbrar el misterio de la divinidad de la “Ciudad de Dios”.

    Suerte de Petare, tan impregnado de espiritualidad, cuando tiene por patrono el Dulce Nombre de Jesús y su insignia es principalmente un niño primoroso tan amado por los pintores, tan cultivado por sus fieles, tan vestido glamorosamente por sus feligreses.  Y ahora este hombre nacido a mitad del siglo XX, y asentado aquí  entre sus calles de siempre, callado como es, le hierve el rumor del pueblo y escribe con pinceles,  lo que siente.

    Entro a la sala y me deslumbra  la luminosidad.  Me atrevo a soñar, el impacto que sintió el artista, ante tanto despliegue cromático y entonces extasiado caligrafió un texto porque creyó que el pincel no lo era todo.  Y fue un sentimiento místico para el que acuñó un nombre: 2°. Versión de la venida del Señor.

    Y naturalezas aladas, de la tierra, del cielo, ascendían unas, descendían otras, en una visionaria aparición de mitologías y al lado, de nuevo Dios y Rilke, el poeta de la muerte por una rosa y sus colegas, los del pintor, todos en ráfagas de vida se plasman y nuevamente la palabra Dios, se abre lumbre.

    Y luego se puebla el alma de todos los sentimientos agrupados, como ser racional de este desconocido mundo y montañas y cascadas y pájaros de inusitada belleza, con ansias de reproducir el paraíso terrenal antes del despido de los primeros amantes, pero para el artista fueron, Séptimo Día, Ángel  Emplumado  y Recuerdos de la Memoria.  Los tres son un prodigio.

    Y las texturas, lecturas vivas para un ciego, encabritan el sentido del tacto, sacrilegio insólito.  Burbujas de luz, cromáticos círculos, que obligan al curso de los murales discursos escondidos en los extremos, más que para leerlos, para sacarlos a flote de su pensamiento y liberarlos.

  Así debieron ver los primeros sacerdotes de España, los esplendores de los de los Mayas.  Las nuevas cosmogonías no cabrían en sus mentes y hubo de crearse escalas celestiales no para subir sino para bajar.  Y lunas, aves, estrella de David y animales cuadrúpedos llenan el universo espiritual  que se traduce en estos singulares rectángulos, que aprisionan visiones y sentimientos.  Creo que el artista también sufre con tanta maravilla acumulada, cuando decide volcar todo para sentir alivio.  No es imitable Von Dangel.  Ni siquiera Van Gogh  con sus crisantemos amarillos y su pretendido viaje a Petare y aquel ensamblaje Sin Título pero con historia que casi nadie recuerda y muchos desconocen, la de las sublevaciones, la de  llaneros a caballo para la redención de un continente.

    Y La Piedad, inversa, donde la madre vive y el hijo muere, rodeada de signos y de molas, cosmogonía de los Cuna, trabajo de intensa desmesura, reclama un salón para ella sola.  Es el grito callado de la mujer actual.  Un homenaje premonitorio que tiene los ojos impregnados de pasado y transmutada su visión al presente.  Y el Dios hecho hombre, estuvo ahí y cayó bajo el peso de la cruz y fue muerto y sepultado y dicen que subió al cielo y está sentado a la derecha del padre, y en grandes planos, la luz, la luna y  las estrellas.  Obsesión,

    Y todas las figuras geométricas se manifiestan, pocos cuadrados, muchos rectángulos ahítos de luz y cromatismo, dispersos en abundancia como en esta “Lectura de paisaje con Bárbaro Rivas” solo un gran artista puede visualizar lo que pudo soñar Bárbaro Rivas.  Si el viviera, hubiera reído llorando al contemplar lo que hubiera sido su sueño.

    Quien sea que reparte la bendición para las ciudades, gracias por Petare, a quien los artistas ven con tan buenos ojos.

    Sobre los Libros de Esperanto, pasar las hojas, sentir la música en los dedos, percibir el ruido en los oídos, un ardor en los ojos y un solo pensamiento:

                                                     ¡Cuántas cosas desconozco, Señor!

     Van Gogh en Petare y su obsesión amarilla ¿Qué sueñas, poeta pintor, te duele Vicente y su pobreza en vida o Petare en su vapuleada cotidianidad?

     Y la visión imaginada de El Greco, tan persistente alusión de los artistas.

  Y al final, más que Apocalipsis, es la apoteosis del artista que ha sabido insuflar de vida los más disímiles materiales, para ennoblecerlos y acercarlos con un discurso místico a las grandezas del espíritu y hacerlo comprensible por la gracia del arte, para los pobres mortales, que hemos sido estimulados en nuestros cinco sentido y hasta en el sexto, por el quehacer incansable de un hombre dotado de un talento especial, e imbuido de una gracia que le permite expresarse conjugando lo humano y lo divino con la naturalidad de un elegido, pero siempre presente una intención reflexiva, en su discurso artístico que no es solo pictórico, sino diverso, múltiple, inclusivo, ecléctico e inimitable.

           Imagen

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