Entrevista a Rafaela Baroni: “Escribí poemas muerta”

Una muestra antológica de la obra de Rafaela baroni estará expuesta en el Museo de Petare hasta febrero

-Antes de empezar, quisiera que me leyera la cédula.

A Rafaela Baroni (Mesa de Esnujaque, 1935) no le sorprende la petición. La artista venezolana, la misma que dice haber resucitado dos veces, regresó del ostracismo. Volvió a Caracas tras 11 años sin exponer de manera individual en la capital del país. La antología Miradas al espejo, que se inauguró el domingo en el Museo de Arte Popular de Petare, reúne 85 obras de la trujillana.

Aquel que no conozca su historia se sorprenderá al escucharla: tallista, pintora, sanadora, necrófila, tejedora, performancera, poeta, vidente. Sufrió dos ataques de catalepsia (estado caracterizado por la pérdida de la movilidad y de la sensibilidad del cuerpo), casi fue enterrada viva, perdió la visión para luego recuperarla. Tanta atracción siente por la muerte que tiene un ataúd en su propia casa. Y ahí se acuesta, realiza performances.

-¿Por qué tanto tiempo sin exponer en Caracas?

-Porque he estado en distintas partes del país. He estado en el extranjero representando a Venezuela. También afecta mi salud, que está bastante delicada. Lo que pasa es que soy una persona de espíritu alegre, que echa los males pa’ un lado. Ahorita espero un aporte del Gobierno para una operación.

-¿El estado de los museos también ha influido algo?

-Sí. Resulta difícil exponer en museos. No hay manera de hacerlo. Hace falta apoyo. Es terrible. Por más que uno quiera montar algo maravilloso, las posibilidades son pocas.

-Escribe poemas, realiza performance, lee cédulas, talla, teje, hace teatro… ¿El arte debe ir más allá de una pieza palpable?

-El arte tiene que ser toda la imaginación del artista.

-La muerte también está presente en toda su obra.

-Sí, porque yo me he muerto dos veces. Y dos veces he vuelto a la vida. Ya he sufrido de dos ataques catalépticos.

-¿Qué es la muerte?

-La tranquilidad espiritual. Según como nos portemos, vamos a recibir una muerte muy bella y muy preciosa.

-¿Será que para entender la vida hay que morir?

-Hay que morir. Y también sufrir. Aquel que no sufre no sabe lo que los demás sufren. No tiene amor a nada, no le importa o no le interesa nada.

-¿Se podría decir que la muerte es el fin de todos nuestros sufrimientos?

-De todos nuestros sufrimientos. Y de ahí, los que tenemos fe, pasamos a una vida espiritual. Yo siento esa parte espiritual en mí: ya tengo mi tumba hecha, mi vestido, todo preparado, todo listo, con mis palabras de muerte hechas.

-Y si la muerte representa todo eso, entonces, ¿por qué no morir de una vez?

-Porque Dios tiene que dejarnos ver qué vamos a hacer. Él nos ha traído al mundo para dejarnos hasta el día que quiera dejarnos. Durante ese tiempo podemos ser buenos o malos. Tenemos que darnos cuenta para qué nos quiere Dios.

-¿Y usted está en este mundo como para qué?

-Yo estoy en este mundo para velar muchos enfermos, y para organizar los matrimonios. Me da mucho dolor ver que los matrimonios no duran, que tan pronto se casan cuando ya muchos se están separando.

-Pero usted se ha casado ya más de 30 veces.

-Tengo 34 matrimonios ficticios, y tres normales. Son los que Dios me ha dispuesto. Y si mañana me tiene otro camino, lo que él haga está bien.

-¿De dónde viene su inspiración? ¿Del más allá?

-Mi inspiración viene del poder meterme en las personas para bienestar espiritual y corporal. Si aguantamos las cosas con paciencia, viene la tranquilidad y la inspiración. Con desespero no se hace nada.

-¿Y eso de tener un ataúd en su propia casa?

-Si yo me preocupo por la llegada del papá, del tío, del sobrino, por qué no me preocupo por tener todo listo para cuando Dios me mande a llamar. Que me pongan en mi urna que yo he hecho con amor y ternura. Que no se preocupen tanto por coronas. Mándenme regalos para los niños, cosas que ellos puedan disfrutar y no una corona que vale millones para que al rato ya esté marchita.

-¿Qué sea una fiesta?

-Que canten rancheras.

-Estuvo cerca: ha sufrido dos ataques de catalepsia.

-Uno a la edad de 11 años y otro a los 33. La primera vez duré 24 horas muerta. La segunda vez fueron 19 días de coma y 72 horas en la urna. Y ocho horas después que me sacan de la urna, porque me llevaron a la morgue por unos papeles de defunción que se habían perdido, se dieron cuenta que no estaba muerta. Ahí regresé. Y me volví más espiritual.

-Su obra lo refleja.

-La mayoría es pura cuestión angelical: santos, algún pordiosero por ahí, imágenes relacionadas a Dios, ángeles. Yo estuve con los ángeles en el paraíso la primera vez que morí.

-¿Y cómo es el paraíso?

-Algo muy divino. Se ve muchísima arboleda. Aunque el cielo lo tenemos aquí mismo: son esos lugares donde hay paz, donde hay cosas hermosas.

-¿Y qué sentía mientras estaba en estado cataléptico?

-Yo aprendí muchas cosas mientras estaba en la urna. Escribí poemas muerta. Los hice en mi cabeza. Aprendí medicina. Yo no sentí la muerte, sentí que aprendía. Estaba en algo divino, maravilloso. Fue algo demasiado espiritual.

-¿Su arte tiene espíritu?

-Tiene mucho amor. La gente siente ese entusiasmo. La obra representa el amor del artista. Cuando uno ve los ángeles que hago, a uno le provoca volar, quisiera tener alas. Y esas son cosas hermosas. Si a mi me llena, a los demás le llena.

-¿En qué momento el arte popular deja de ser ingenuo?

-Todavía sigue siendo ingenuo en aquellas personas que no tenemos estudios. Que lo que se nos viene a la mente lo hacemos. Es uno de los artes especiales porque no está dominado por nada ni nadie.

-¿Su arte es ingenuo?

-Sí, es ingenuo. Sólo que ya ha pasado a gran escala que ya no lo creen ingenuo. Yo no he tenido estudios. Todo lo que hago sale de mi mentalidad.

La exposición de Baroni tiene algunos escritos pegados a las paredes. Uno de ellos es un poema de Jorge Luis Borges: “El arte debe ser como ese espejo / que nos revela nuestra propia cara”. Y el arte de Baroni sí que lo revela. Por eso los santos y vírgenes tallados en madera, por eso los ángeles colgados en los salones. Figuras que muestran su religiosidad, su gusto por la muerte. Más allá de que adivine o no el porvenir de aquellos que se lo piden.

Fuente: Daniel Fermín, El Universal, 20 de noviembre de 2011, http://www.eluniversal.com/que-hay/111120/escribi-poemas-muerta, dfermin@eluniversal.com

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